lunes, 19 de diciembre de 2016

ROBERTO FARINACCI (20): "Y la voz de Mussolini llegó a ser vibrante por la emoción: 'Confío en que la flor de los Cuadrunviros de la Revolución sabrá cómo defender lo que hemos creado de 1919 a 1922, y recordarán cómo fue dirigida la 'Marcha sobre Roma' y cómo le fue anunciada al Pueblo italiano. Los espíritus de Bianchi y Balbo están entre nosotros.'"



VIII
ORDEN DEL DÍA INACEPTABLE Y COBARDE

25 de julio de 1943.- Después de hablar de esta manera, Mussolini, levantando considerablemente el tono de su voz, empezó a discutir el Orden del Día de Grandi.

MUSSOLINI: Cuando, hace pocos días, Scorza me presentó el Orden del Día de Grandi y compañía, lo califiqué de inaceptable y cobarde.

GRANDI: Puede usted aceptarlo o rechazarlo, pero no puede llamarle cobarde.

MUSSOLINI: ¡Por favor, déjeme hablar! Después le escucharé con gran atención. Le llamé cobarde porque debilita nuestra unidad de propósitos y de acción en los momentos más trágicos, no sólo para el Régimen Fascista, sino también para la Historia de la madre Patria; porque nos enfrenta con un dilema: o reaccionar y privarnos de fuerzas útiles, capaces y experimentadas, o no reaccionar y sucumbir. Dije que era inaceptable porque, según espero, todo buen Fascista presente en esta sala se negará a subscribir una acción que precipita una formidable crisis en las relaciones entre el Gobierno Fascista y la Corona. No puedo menos de llamar su atención sobre la extemporaneidad de este Orden del Día en unos momentos como los presentes.

Si este Orden del Día presentado por Grandi es aprobado por la mayoría, el Rey se hallará en condiciones para decir:

Primero.- “¿Cómo es esto? Ustedes han seguido a Mussolini en tanto que las cosas han ido fácilmente; y ¿quieren ahora relevarle de su responsabilidad para cargármela a mí?”

Segundo.- “Muy bien. Si los Fascistas no te quieren ya, querido Mussolini, tanta más razón para que yo tampoco te quiera. Vete, pues, tú y tus Fascistas.”

Con estas palabras quiero decir que el propuesto Orden del Día presenta dos clases de problemas: o acepta el Rey - en cuyo caso surgen dos nuevos problemas, uno de los cuales es el mío - o no acepta el Rey, y en este caso nace otro problema que concierne a varios de ustedes.

De cualquier modo, mi informe de esta noche pretendía ser sola y estrictamente de carácter militar. Pero si este Orden del Día exige, por el contrario, que vayamos más allá de los problemas militares, debemos exponer claramente a dónde deseamos llegar y que es lo que queremos. Ya que toda la cuestión - si deseamos mirar de frente a la realidad y llamar a las cosas por su nombre - se basa en el dilema siguiente: Guerra o Paz, Resistencia o Rendición.

Y la voz de Mussolini llegó a ser seca y vibrante por la emoción contenida.

MUSSOLINI: Presten, pues, atención, camaradas míos. El Orden del Día de Grandi - siguió diciendo - pone en peligro la misma existencia del Régimen Fascista.

Y ahora pueden empezar a discutir mis opiniones sobre el Orden del Día; mejor dicho, sobre los diversos “Órdenes del Día”, ya que Farinacci y Scorza tienen preparados uno cada uno para someterlos a votación.

Mientras Mussolini hablaba pude observar las caras de los Consejeros, y traté de penetrar en sus íntimos pensamientos. A mi izquierda está Ciano, que parece muy nervioso: se dedica a romper en pedacitos el papel secante que encontró en la mesa. A mi derecha veo a Cianetti, atento y dueño de sí mismo, con la serenidad de los abstraídos; con toda su inteligencia, carece de capacidad como luchador político, y no comprende lo que hay en el ambiente. En frente de mí se halla Tringali, grave y calmoso: espera que llegue la hora, y estoy seguro de que sabrá luchar. Federzoni, blando y untuoso, lanza furtivas miradas a derecha e izquierda; por una vez sus ojos encuentran a los míos, y tiene que hacer un visible esfuerzo para no bajar los suyos.

Grandi está sentado con la cabeza echada hacia atrás, como si desafiara al destino con su pequeña e informe barbita: su actitud es la de una persona que, con un pequeño y paciente esfuerzo, trata de demostrar atención conciliadora e intensa. De Bono tira de su “barba de chivo”, en tanto que De Vecchi no deja en paz a sus bigotes. Bottai no puede estarse quieto ni un minuto, y hace crujir su  sillón.

Pavolini, con los ojos bajos, parece dormir. Bastianini tamborilea sobre la mesa con sus dedos. Buffarini, con el brazo izquierdo apoyado en el sillón, adelanta su rostro, semejante al de un judío entregado al vicio. Scorza mira al Duce sin perder el menor movimiento de sus labios; sólo de vez en cuando me dirige una mirada y me sonríe a medias. Albini está preocupado, y se pasa el tiempo limpiando las uñas de su mano izquierda con las de la derecha, o viceversa. No me fijo en los demás, o, si me fijé, no me acuerdo de ellos.

Cuando el Duce terminó de hablar, hubo un momento de silencio. Luego, comienza una larga discusión. Alguien, presente en la sesión, hizo notas taquigráficas de los debates y las envió a la ciudad para ser traducidas y copiadas a máquina. Esta es la única razón por la que yo puedo ahora repetir, casi textualmente, muchas de las frases pronunciadas en aquella ocasión.

MUSSOLINI: Confío en que la flor de los Cuadrunviros de la Revolución sabrá cómo defender lo que hemos creado de 1919 a 1922, y recordarán cómo fue dirigida la “Marcha sobre Roma” y cómo le fue anunciada al Pueblo italiano. Los espíritus de Bianchi y Balbo están entre nosotros. (35)

GRANDI: Balbo estaría de acuerdo con mi proposición.

MUSSOLINI: Lo niego. Y lo niego también porque Balbo no habría podido convertirse en servidor de la Corona.


(35) Bianchi, Balbo, De Bono y De Vecchi fueron los “Cuadrunviros” de la “Marcha sobre Roma”. El 24 de julio sólo se sentaban en los escaños del Gran Consejo De Bono y De Vecchi, ya que los otros dos habían muerto.


Diario de Roberto Farinacci.







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