sábado, 21 de enero de 2017

BENITO MUSSOLINI 10 (color): "La Jerarquía no significa supremacía ni imposición de la voluntad propia a los demás. Hitler ha dado la demostración concreta de que Alemania no quiere la guerra sino la paz constructiva, tanto en el Interior como en el Exterior. El Pacto será acogido con alegría por las multitudes que tienen la intuición del verdadero alcance de los acontecimientos históricos."



DISCURSO DE MUSSOLINI

En la sesión del Senado, Benito Mussolini ha hecho uso de la palabra para resumir la génesis de su idea personal del Pacto de las Cuatro Potencias, idea que le fue sugerida por las complicaciones de la Política Europea.
“El Pacto está relacionado y quiere ser una continuación y un desarrollo de Locarno, del cual es lógica y necesaria consecuencia. La Política Europea durante los años que han seguido a Locarno, ha tanteado numerosos caminos, distintos de los de una política de colaboración de Cuatro. Era tiempo de ponerse sobre sí. El nuevo Pacto consagra el artículo primero de Locarno que es el punto fundamental.”
El Jefe del Gobierno Italiano recuerda las fases de la discusión del Pacto a partir de su proyecto primitivo, que no constituía más que un esquema:
“Algunas de las oposiciones que se hicieron al Pacto son efecto de una reacción de orden puramente sentimental, no hijas de un examen profundo de las realidades. No se trata de consagrar la jerarquía de los Estados. La jerarquía en lo que se refiere a las Cuatro Potencias de la Europa Occidental existe objetivamente e históricamente, y ha sido reconocida por el Acuerdo, según el cual, los cuatro Estados del Occidente Europeo tienen un puesto permanente en el Consejo y, por consiguiente, disponen de la posibilidad de una acción directa, constante, pero también de una gran responsabilidad respecto a ellos mismos y ante el mundo entero.
Del estado más o menos cordial de sus relaciones depende la tranquilidad y el desarrollo pacífico de los demás Estados. Pero la Jerarquía no significa supremacía ni imposición de la voluntad propia a los demás.
Los artículos políticos son tres. El primero se refiere a la colaboración de las Cuatro Potencias; el segundo se refiere al artículo 19 del Covenant; el tercero se refiere al Desarme. La cuestión de la revisión ya se halla inscrita en el Covenant de la Sociedad de Naciones. El Pacto de los Cuatro recuerda todos los principios consagrados en el Covenant y en los Pactos que le han seguido y tiene por objeto el restablecimiento del equilibrio entre todos los artículos del Covenant.
La campaña revisionista que se ha desarrollado en ciertos países, se ha olvidado de las declaraciones hechas por Benes, que no afirma ser anti-revisionista ‘sub especie aeternitatis’, sino que condiciona toda tentativa de revisión a determinadas premisas, que son: tranquilidad general, posibilidad de compensaciones, y alcance efectivo de la revisión.
Es inútil disimular que después de la Guerra se trabaja para la adaptación de los Tratados, adaptación que se va desarrollando a través de dificultades mucho más graves que las que hubieran existido en una atmósfera de más amplia confianza y comprensión.
Es, pues, de interés general que este proceso se vaya adaptando, de manera que pueda desarrollarse sin sacudidas y en un ambiente de confianza.
Ha sido necesario mucho tiempo para que pudiese llegarse a un acuerdo sobre el artículo tercero referente al Desarme. Según la formula aprobada, los Cuatro Gobiernos reafirman su voluntad de que la Conferencia del Desarme termine con un éxito.
La declaración de 11 de diciembre de 1932, referente a la Paridad de Derechos, debe tener un alcance efectivo. Si Alemania se ve obligada a permanecer sumida en un desarme eterno, dentro de una Europa saturada de armas, el reconocimiento de la Paridad de Derechos constituiría una verdadera ironía, y su Plan de Igualdad en la Sociedad de Naciones quedaría reducido a una ficción.
El Acuerdo es un documento completamente honrado, que tiene equitativamente en cuenta los intereses de todos. Es un documento que está hecho para la paz y para el porvenir. No va dirigido contra nadie. Tiende a salvaguardar, a conciliar intereses que son de todos, son los intereses supremos de la consolidación de la paz.
La actitud inmediatamente favorable del Gobierno británico facilita el triunfo del Pacto. Italia ha tenido a Inglaterra que con su posición en Europa realiza una función especial que encuentra en el Pacto de los Cuatro su expresión y sus nuevas posibilidades.
El Gobierno francés no se opuso jamás al Pacto. Pero sólo le concedió al principio una simpática atención. Quiso estudiarlo cuidadosamente, lo que no deja de ser perfectamente natural. Ha reconocido al final que el Pacto es apto para asegurar en Europa un largo período de paz y tranquilidad. Hay que reconocer que Francia nos ha proporcionado un ejemplo de colaboración.
En la atmósfera del Pacto de los Cuatro se hace posible la liquidación deseada por Herriot en la que se refiere a las cuestiones particulares que separan Italia de Francia, y Alemania de Francia, y esto puede hacerse por medio de acuerdos bilaterales encuadrados dentro del espíritu del Pacto.
La actitud de Alemania ha estado inspirada por un deseo de conciliación. El discurso de Hitler de 17 de mayo fue valeroso y tranquilizador. Colaborando con amplitud en la elaboración del Pacto, Hitler ha dado la demostración concreta de que Alemania no quiere la guerra sino la paz constructiva, tanto en el Interior como en el Exterior.
Alemania existe en el centro de Europa, y una Política verdaderamente europea no puede prescindir de Alemania ni ponerse contra Alemania. Esto es de gran importancia, porque Alemania desarrollará su acción internacional según los puntos esenciales del discurso de Hitler.
La adhesión de Bélgica al Pacto tiene una particular significación. El Pacto interesa de un modo directo a aquellos países que mantienen con nosotros una estrecha amistad: Austria y Hungría en la cuenca del Danubio; Turquía y Grecia en el Mediterráneo oriental. El Pacto interesa igualmente a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, con la cual hemos firmado recientemente un Tratado de Comercio.
El artículo cuarto afirma la voluntad de las Cuatro Potencias para consultarse sobre todas las cuestiones de orden económico e interés común para Europa y para su restauración.
En este artículo no existe ninguna idea de frente único. Hay una idea de colaboración con todos los Estados grandes y pequeños y sobre todo con los Estados Unidos, sin los cuales no sería posible ninguna obra duradera de Pacificación Política y de Restauración Económica.
Al proponer el Pacto quiso el Gobierno italiano realizar en la turbia atmósfera europea una acción de sano realismo político, pero no tuvo jamás intención de incluir en el Orden del Día cuestiones particulares. El Pacto tiende a crear una nueva atmósfera política en la cual las cuestiones particulares podrán ser examinadas sin recelo alguno. Es evidente que las consecuencias del Pacto podrán ser aprovechadas con mayor o menor rapidez, según el espíritu que anime su funcionamiento.
La Sociedad de Naciones tendrá la ventaja de una colaboración metódica entre los miembros permanentes del Consejo, y las grandes cuestiones podrán ser resueltas con toda tranquilidad.
Después de las formalidades necesarias, el Pacto será ejecutivo, principalmente en el espíritu que le anima de solución de graves y complejos problemas. El Pacto ha sido seguido en todos los países, no sólo con interés, sino también con ansiedad. Su conclusión será acogida con alegría por las multitudes que tienen la intuición del verdadero alcance de los acontecimientos históricos. Hago votos para que este acontecimiento pueda realizar todas las esperanzas y todas las certidumbres de los pueblos.”
El discurso de Mussolini fue interrumpido numerosas veces por grandes aplausos, y al final una imponente ovación mezclada con los himnos nacionales cantados por el público de las tribunas, coronó la exposición del Jefe Fascista.

AgenciaStefani”; Roma, 07 de junio de 1933.





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