martes, 3 de enero de 2017

EUROPA FRAGMENTADA: "Hoy, la Europa Central es un mosaico. Y está devorada por el problema de las minorías. Polonia, Checoslovaquia, Yugoslavia y Rumania son ya vivas realidades nacionales. Nacieron. Quieren existir. Son jóvenes y ambiciosas. Miremos el mapa de la Europa de la post Guerra con sus nuevos límites. Su sola contemplación nos dirá que quienes hablan de una revisión de Tratados no se dan cuenta de que el tiempo trabaja en contra suya."


LOS INTERESES CREADOS

Manifestaciones en Belgrado. Manifestaciones en Bucarest, Campañas violentísimas de la Prensa Polaca. Campañas no menos enérgicas de la Prensa de Praga. Los pueblos creados, resucitados o engrandecidos en Versalles, se ponen de pie. Hasta ahora, sólo se había oído la voz de los derrotados. Alemania, Hungría, Austria, llenaban Europa con sus clamores. He aquí que las nuevas nacionalidades se alarman y se preparan a la resistencia.
En Belgrado hubo treinta mil manifestantes. En Bucarest, más todavía. Todos los partidos se unen en Yugoslavia y en Rumania ante el común peligro. Partidarios y enemigos del régimen de la casta otorgada y amigos y adversarios del rey Carol se juntan para la defensa.
Crear intereses... Han pasado casi quince años desde el día del armisticio. Y se ha ido constituyendo una nueva Europa. Una nueva Europa menos lineal y aparentemente homogénea que la anterior a 1914, pero que responde a viejas reivindicaciones históricas y étnicas. La resurrección de Polonia, ensueño humanitario del Liberalismo del siglo XIX, sólo fue posible gracias al derrumbamiento de tres Imperios seculares. Vencedores los aliados sin que Rusia hubiera hecho defección, habrían tenido que suscribir el indefinido desgarramiento del pueblo mártir. El Zarismo, pese a sus vagas promesas de los primeros días de la guerra, no hubiera permitido jamás que Polonia renaciera total e íntegra. Una Polonia con Poznan y Galicja, pero sin Varsovia y la cuenca del Vístula medio, era lo más que admitían los diplomáticos, los cortesanos y los militares de San Petersburgo. Y ese Estado incompleto, condenado a un rabioso irredentismo desde la primera hora de su existencia, hubiese sido un constante germen de perturbaciones.
Caídas las tres Autocracias, se pudo, sin demasiado esfuerzo, fundar una nación polaca, otra checa, otra yugoslava y unir a los rumanos de las dos vertientes de los Alpes Transilvanos. Quizá se cometió un grave error político deshaciendo a la doble Monarquía Habsburguesa. Evidentemente, desempeñaba, a lo largo del Danubio, una misión de paz y orden. Se dijo un tiempo que el archiduque Franz Ferndinand, el asesinado en Sarajevo, quería convertir el Dualismo en Tripartismo, siempre bajo el signo imperial simbolizado por el lema: “Viribus Unitis”. Su plan, de creer a quienes aseguraban estar en el secreto de sus intenciones, consistía en la organización de un Tercer Reino que hubiera unido a los elementos Eslavos, Checos y Eslovacos de los cárpatos, Serbios, Eslovenos y Croatas. La capital de ese Reino habría sido Agram o Praga. Así, el Imperio de los Habsburgo hubiera abarcado una Monarquía Austríaca, otra Húngara y otra Yugoslava. La pistola del estudiante Gavrilo Princip impidió que se intentase la aventura, y desencadenó la Guerra...
Hoy, la Europa Central es un mosaico. Y está devorada por el problema de las minorías. Hay en ella húngaros y alemanes que fueron arrancados a sus patrias de origen y que no se resignan a la asimilación.
Pero lo hecho no puede deshacerse. Polonia, Checoslovaquia, Yugoslavia y Rumania son ya vivas realidades nacionales. Nacieron. Quieren existir. Son jóvenes y ambiciosas. Penosamente van organizando su vida y resolviendo sus conflictos internos, y cuando ven que triunfa Hitler en Alemania o que Mussolini propone el Pacto de los Cuatro, se alarman, se agrupan y ponen el veto.
Los polacos, yugoslavos, checoslovacos y rumanos forman un bloque de setenta y cinco millones de almas, con fronteras comunes que van desde la Alta Silesia y las orillas del Báltico al mar Negro, el mar Egeo y el Adriático. Dentro de él, prisioneras, están Hungría y Austria, disminuidas, empequeñecidas, anuladas casi, con la esperanza puesta en los Maquiavelismos Mussolinistas.
Miremos el mapa de la Europa de la post Guerra con sus nuevos límites. Su sola contemplación nos dirá que quienes hablan de una revisión de Tratados, en Budapest, Viena y Berlín, no se dan cuenta de que el tiempo trabaja en contra suya. ¡Y cuan deprisa!...

Fabián Vidal; 07 de junio de 1933.





No hay comentarios:

Publicar un comentario

¡SE AGRADECE SU APORTACIÓN A ESPEJO DE ARCADIA!