martes, 3 de enero de 2017

INFANTILISMO: "Es indudable que la Infancia del Niño y la Infancia de la Humanidad se hallan próximas. Los dibujos trazados en estados de espíritu equivalentes tienen aquel inefable y vago parentesco que hallamos en las fisonomías de los hombres que vivieron en un mismo siglo y fueron retratados por pintores diversos: la Semblanza de época."



DIBUJOS INFANTILES

Todo es discutido, aun lo más evidente, a veces con verdadero espíritu crítico con método científico con noble afán de tamización y depuración; en ocasiones, con caprichosos fines y con intenciones frívolas.
No es raro, pues, que se haya discutido la autenticidad de los dibujos rupestres, es decir, de los más graciosos y perfectos. Hay quien duda que sean da tan remota factura - como suponen los maestros de la Arqueología Prehistórica - aquellos renos, aquellos bisontes, mamuts, caballos, toros, gamos y osos de las cavernas que en los techos y muros de las grutas de los Pirineos astures y cántabros, de los montes de Ronda y del Perigord, aparecen grabados, dibujados, pintados, en los parajes más recónditos y obscuros, con una tan asombrosa firmeza de líneas y exactitud de visión, con tal seguridad de trazo y acierto de movimiento, que no parecen trazados en la infancia del Arte, sino en pleno dominio de su observación experimentada y de su ejecución realista.
En efecto; tratando de aquellas figuras dice un maestro de estudios de Arte:
“Nada hay en ellas que sea producto de la fantasía; aislados o separados aquellos animales, son reproducidos con una corrección tal, que ningún ejemplo parecido presenta el Arte de los salvajes modernos”.
“El segundo carácter es la sobriedad; no existen, detalles inútiles; algunas figuras de animales, pintadas o grabadas en esa época pueden sostener la comparación con hermosos dibujos hechos por artistas modernos. Y por último - y esto es quizá lo más extraordinario -, el Arte de los cazadores de renos está lleno de vida y de movimiento; gustaban de representar a los animales en actitudes vivas y pintorescas; sabían sorprenderles en el natural y reproducirlas luego con exactitud asombrosa”. 
“Bien entendido - añade nuestro autor - que todas las obras de arte de las cavernas no merecen ciertamente estos elogios; pueden éstos únicamente aplicarse a unos treinta o cuarenta objetos, (esculturas, grabados o pinturas) entre unos cuantos cientos que han podido recogerse y dar a la publicidad...”
Precisamente es lo mismo que se observa en los niños. Me agrada curiosear las revistas infantiles que reciben mis hijos y en ellas me detengo preferentemente ante esas páginas finales que reproducen las primicias gráficas de sus pequeños colaboradores. Es un acierto estimular con el premio de la publicidad los ingenuos ensayos que a lápiz o a pluma trazan los niños a guisa de juego educativo. 
Su avidez de observación, despierta - como su apetito - por la necesidad de desarrollo espiritual y de crecimiento fisiológico, se halla bien dispuesta para esas precocidades realistas que, entre mucha y lógica vulgaridad, se descubren.
En efecto; en los dibujos infantiles descuellan algunos ejemplares interesantes. Cuando reproducen figuras animales y humanas, suelen hacerlo con tan graciosa desenvoltura, con tan ajustada estilización, que siempre me traen al recuerdo los grabados y dibujos rupestres. Coinciden en caracteres gráficos, en ingenuidad, en infantilismo, en agilidad y exactitud de observación.
El recién nacido tiene hoy la suerte de encontrar un medio de cultura ya hecho y en él se moldean las facultades físicas e intelectuales. Nuestro infante recorre con rapidez toda la escala gradual de adaptación que en siglos innumerables y en vicisitudes penosas ha seguido la especie.
Es indudable que la Infancia del Niño y la Infancia de la Humanidad se hallan próximas.
No es extraño que haya semejanza en sus obras. Los dibujos trazados en estados de espíritu equivalentes tienen aquel inefable y vago parentesco que hallamos en las fisonomías de los hombres que vivieron en un mismo siglo y fueron retratados por pintores diversos: la Semblanza de época.
Los dibujos rupestres y los infantiles tienen la “semejanza de edad”. Son los primitivos de la observación y de la técnica, como más tarde lo fueron, en el Renacimiento, los pintores de Siena y de Pisa; como quisieron serlo, mediado el siglo XIX, los de la “cofradía del pre Rafaelismo”. Pero al hombre técnico y sabio le es difícil conseguir la espontánea frescura juvenil, flor de Primitivismo. He aquí cómo la unanimidad fundamental del espíritu se sobrepone a las lejanías cronológicas y sociales. Los niños de esta humanidad cansada y vieja dibujan con el mismo garbo y donaire que los cazadores de renos, hombres de aquella humanidad naciente y fresca. Es la coincidencia del Infantilismo.

L. Lafuente Vanrell; 08 de junio de 1933. 







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