viernes, 17 de marzo de 2017

ROBERTO FARINACCI (29): "Si Mussolini es realmente nuestra bandera nuestro deber es mantener izada esta bandera."



LA MOCIÓN DE GRANDI: 'CRIMEN DE ALTA TRAICIÓN'

25 de julio de 1943.-

FARINACCI: Ahora bien, con un solo adjetivo calificativo pueden privar a la camarilla monárquica de una coartada de importancia tan capital a mi juicio. Sin embargo, por todo lo que precede puede afirmarse que yo me opongo a la proposición de Grandi, que considero un verdadero acto de alta traición perpetrado contra la Patria en guerra y contra el Fascismo.

GRANDI: Pero nosotros no somos traidores.

FARINACCI: Sí, lo son. Ustedes han iniciado la crisis del Fascismo, han comenzado un nuevo capítulo de la historia moderna de Italia en el trágico momento en que un enemigo invasor va penetrando por nuestro suelo. Ustedes no pueden, y no deben, proseguir esta guerra, oculta y caníbal, entre nosotros. Quiero repetir una vez más, si puedo, que son pocas las esperanzas de que salga algo de la sesión de hoy. Pero servirá, al menos para aclararlo todo y para que, finalmente, resolvamos, sin odiosas adulaciones, la cuestión de Mussolini ante los italianos, ante el Fascismo, ante el mundo entero. Si él - como han estado aclamando a los cuatro vientos durante veinte años - es realmente nuestra bandera - y ciertamente así lo considera la opinión mundial - nuestro deber es mantener izada esta bandera.

Si él es el símbolo de nuestro prestigio - de lo que resta de nuestro prestigio -, debe hacerse todo lo posible para que este símbolo no pierda valor. Pedir hoy una reducción de sus poderes - aun en el caso de que sean solamente, en cierto sentido, poderes simbólicos -, es igual que tratar de asestar un golpe mortal al Fascismo. Estén seguros de ello. Y el Fascismo no podría reponerse de semejante golpe sino a duras penas y con grandes dificultades.

Por añadidura, aquí, en este alto Tribunal Fascista, no solamente se han lanzado aullidos de acusación contra los anteriores Secretarios del Partido, sino también contra Scorza y, en general, contra el mismo Partido. Scorza es un hombre que puede defenderse por sí solo, y por lo tanto es suficiente para defender al Partido. Pero las acusaciones contra el Fascismo van dirigidas también contra el Duce; son cargos formulados contra los métodos, los sistemas, las doctrinas, los jerarcas y los afiliados.

Pido que se ofrezca oportunidad al Partido para defenderse - para defender a su Jefe, a su único y exclusivo Jefe - mediante una investigación u otra forma de procedimiento, elegida para comprobar la verdad. Que el Partido vuelva a ser puro y de altos ideales, como lo hemos querido desde 1919 a 1926, y como puede ser de nuevo bajo el secretariado de Scorza, a quien debemos conceder plenos poderes hasta seis meses después de haber terminado las hostilidades. Solamente el Duce y el Partido Fascista pueden asumir la responsabilidad y la dirección del frente interior. Estoy en condiciones de afirmar todo esto porque, desde 1926, he estado criticando sin piedad a este bendito Partido, que poco a poco - después de haber sido el promotor, el eje, el moderador, el guardián de la nación - se ha convertido en un gigantesco organismo burocrático de los asuntos públicos.

Y termino con una recapitulación: Pido una investigación sobre la conducta de los Mandos militares y sobre la catástrofe de Sicilia. Pido la inmediata eliminación de Ambrosio. Pido una reorganización de los cargos y la concesión de plenos poderes al Partido. Pido, asimismo, la reorganizaron de la Policía y que se obligue a la Monarquía a compartir las vicisitudes del Ejército y del Pueblo. Pido una unión más estrecha con los alemanes, realizada mediante la instauración de un Mando unificado para las operaciones militares. Y, finalmente, pido que Mussolini sea apoyado plenamente contra la propaganda enemiga y las conspiraciones en el interior de la nación.


Diario de Roberto Farinacci.






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