viernes, 7 de abril de 2017

EL CUADRUNVIRATO EUROPEO (8): "Los hechos y las palabras que han constituido los últimos episodios de la vida de relación de las naciones eran de paz, pero el espíritu era de guerra."


"Paz y Guerra" de Rubens


DIEZ AÑOS DE PAZ

Inglaterra, Francia, Alemania e Italia se erigen en Potencias rectoras de Europa. Esto quiere decir en substancia el haber sido rubricado en Roma el texto, por fin viable, del “Pacto de los Cuatro”. Para el ciudadano que tiene la justa idea de que los destinos de la Política Internacional siempre los condujeron dichas Potencias, la cosa tiene algo de sorprendente. Pero ¿qué duda cabe que la generosa Democracia Internacional no ha sido lo bastante eficaz para que prevaleciera siempre la razón en las magnas deliberaciones de Ginebra? Hay, no obstante, una pequeña diferencia que tiene un profundo alcance: el Pacto de los Cuatro es un compromiso en virtud del cual las naciones responsables de la Política Interestatal recaban ostensible y solemnemente por igual esa responsabilidad, burlada lastimosamente a la sombra de los nuevos usos diplomáticos. Japón ha desafiado bizarramente esa poderosa máquina de justicia y paz consagrada por el ex Ministro de Estado norteamericano, Henry Lewis Stimson. Al carecer de fuerza, esa soberana razón de las sociedades, al verse burlada por la independencia con que obran las potestades ejecutivas, quedaba desvirtuado el Pacto de “no agresión” y el nuevo Derecho era una ruina.

Es evidente que en el Convenio de la Sociedad de Naciones se encierran principios sagrados que toda conciencia civilizada debe profesar y defender. Pero no es menos obvio que en nombre del realismo brutal de los hechos, se imponía en Europa una actitud decidida que, sin atropellar virtualmente aquellos postulados inherentes al progreso, hiciese tabla rasa de los embrollos que comenzaban a prender en redes trágicas los destinos de los pueblos. Si las circunstancias económicas hubieran sido propicias a aventuras guerreras, ¿quién sabe si el fuego en Europa no se habría ya reproducido? Los hechos y las palabras que han constituido los últimos episodios de la vida de relación de las naciones eran de paz, pero el espíritu era de guerra. Y de seguir así las cosas, bien en el Corredor Polaco, bien en Albania, o en cualquier foco de reivindicación, el día menos pensado podía prender la chispa conflagradora. ¿De qué nos hubiera servido entonces, por sí sola, la noble intervención de la Sociedad de Naciones? Sin embargo, todos debemos seguir ejerciendo vigilancia, apoyados por el Covenant.

“Diez años de paz”. Esto nos aseguran los hombres que han concertado ese Pacto, del que es inspirador y animador Mussolini. De todas suertes, la protesta de Polonia - única voz disconforme - es un síntoma inquietante. Las potencias deben esforzarse por realizar la cordial aproximación Franco-Alemana y Germano-Polaca. Éste solo hecho aseguraría por muchos más años esa paz para la que Francia pide garantías fundadas, pero quiméricas.

Pero si el Pacto de Roma facilita la labor inmediata de la Conferencia del Desarme y el éxito de la Conferencia Económica, quedaría bastante justificado y podría considerarse un acontecimiento histórico.


La Vanguardia; 09 de junio de 1933.







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