domingo, 14 de abril de 2019

CONFERENCIA ECONÓMICA MUNDIAL (4): "Desde el principio se ha notado una realidad poco agradable que tiene un significado histórico mundial. Por esto se convocó a la Gran Asamblea de Naciones y tan sólo son dos los protagonistas de esto, que lo mismo puede ser drama que comedia. El telón está levantado y el primer acto en progreso. Observemos."

El Zar Nicolás II de Rusia y el Rey Jorge V de Reino Unido

ASPECTOS DE LA CONFERENCIA MUNDIAL

L
a gran sala cuadrangular del futuro Museo de Geología de Londres, se hallaba hasta los topes. Los pocos asientos reservados al público, los 400 sitios destinados a los periodistas y el millar de pupitres reservados, en lo mejor del local, para los delegados y sus secretarios, rebosaban de gente a la expectativa. Todos nos hallamos de pie. Se iba a levantar el telón y Jorge V de Inglaterra iba a llegar en unos instantes. Eran las tres menos un minuto del lunes doce de junio de mil novecientos treinta y tres.

Mientras se llenaba la vasta sala todo fue sonrisas agradables y palmaditas en la espalda. Era la reunión de antiguos amigos hechos en ocasión de otras conferencias: Lausana, Locarno, Basilea, Ginebra. Aquellos presidentes de consejo y ministros, en activo o retirados, aquellos estadistas, diplomáticos y economistas, pues de todo ello había allí en abundancia; se conocían muchos de ellos.

Al verlos tan cordiales y al notar la poca diferencia que entre ellos había, ataviados como estaban con el traje negro que es de rigor, se le hubiese podido ocurrir a un observador poco enterado, primero, que allí no iban a existir dificultades para llegar a un pronto acuerdo, y luego, que todas las naciones representadas allí iban a poner en los platillos de la balanza de la opinión sus pesos correspondientes. Pero la lista oficial revelaba que nombres como Daladier y von Neurath, Dollfuss y Hugenberg, Litvinov y Kikujiro Ishii, sonaban a mezclas detonantes. Y desde el primer momento en que quedaron iniciados los debates, al segundo día de la Conferencia, y puesto de manifiesto la pugna entre acreedor y deudor, entablada a golpes de cablegramas cruzados entre Londres y Washington, se vio que las sonrisas no pasaban de la categoría de protocolarias y que, en cuanto a llevar verdadero peso a la balanza de la opinión, tan sólo la Gran Bretaña y Estados Unidos podrían lograr que el indicador hiciese progresos de importancia en un sentido o en otro.

Desde el principio de la Conferencia se ha notado una realidad poco agradable, que tiene un significado histórico mundial: la distancia que existe entre los puntos de vista británico y norteamericano. Todos los recursos que posee la Diplomacia Inglesa se han puesto en juego durante estos últimos años para ocultar esa enorme brecha; pero he aquí que, apenas terminado el discurso de apertura de la Conferencia de Londres, apenas Mac Donald, con su entonación y gesto de dómine que se dirige a discípulos traviesos, dejó expuesto el diagnóstico de las dolencias de que sufre el mundo; se ha hecho patente la lucha entre el dólar y la libra, en marcha hacia una desvalorización que será utilizada en la conquista o reconquista de los mercados extranjeros.

El resultado de todo esto es que la Delegación Norteamericana se hallará en una situación muy delicada durante las sesiones. Su influencia en el resultado de los debates es cosa por todos reconocida. Por otra parte, se sabe también que la magna asamblea fue ocurrencia de los ingleses, deseosos de movilizar la opinión mundial para obtener la aprobación de sus fines de mayor importancia. Inglaterra y Estados Unidos son los países industriales y bancarios de más fuerza en el mundo, y si la gran querella fundamental que alrededor de estos intereses creados gira, no se arregla o no se suaviza hasta dar la sensación de una avenencia positiva, el choque traumático se hará sentir durante muchos años en la economía del mundo. Por esto, en realidad, se convocó a la Gran Asamblea de Naciones y tan sólo son dos los protagonistas de esto, que lo mismo puede ser drama que comedia. El telón está levantado y el primer acto en progreso. Observemos.

La Conferencia de Londres presenta aspectos diversos para satisfacer muchas curiosidades: a los radioescuchas, por ejemplo, les ha de interesar saber que las palabras de apertura pronunciadas por Jorge V establecieron un record de transmisión. Londres, desde su Central Internacional Telefónica, que es la mayor del mundo, envió por cable o por radio, el discurso del Monarca a dos mil centrales de radiodifusión. Como a la hora de la ceremonia en Londres, las tres de la tarde, eran las doce de la noche en Australia y en Nueva Zelanda, se ‘almacenó’ la voz de Jorge V para servírsela a aquellos antípodas con el desayuno del día siguiente; pero Japón, con cuyo país se inauguraba en esta ocasión el servicio radiotelefónico directo con Inglaterra, esperó despierto a que llegasen las ondas radiodifundidas desde Londres.


Julio Acebal, junio de 1933.





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