sábado, 9 de noviembre de 2019

WILHELM FRICK (8): "Entonces buscó y encontró la síntesis entre el Nacionalismo y el Socialismo. He aquí la magna tarea, que Hitler, se propuso a resolver: devolver al Pueblo alemán la Fe en su Nación, y reconquistar al Obrero alemán para su Patria. En verdad, la tarea más grande que pudiera elegir un alemán."




EL CAMINO DEL PUEBLO ALEMÁN CON HITLER

Cuando en noviembre de 1918 el Ejército alemán retornó a la Patria, recibido por las Banderas Rojas de la sedición Marxista, parecían haber sido vanos todos los sacrificios de una lucha titánica de más de cuatro años. Los ideales, por los cuales había combatido el Soldado alemán con increíble heroísmo, resistiendo con valor inquebrantable a las embestidas de un mundo de enemigos, yacían derribados; las masas del pueblo, hambrientas y desmoralizadas, eran fácil presa de una ideología ajena a su propia idiosincrasia, de una ideología que pugnaba por adulterar el holocausto de más de un millón de bravos combatientes alemanes, haciéndolo aparecer como una matanza por los intereses de unos pocos mortales.

¡Qué tormento para el combatiente Hitler! El soldado desconocido que sufrió más de cuatro años con aquellas legiones grises, que vio el mudo heroísmo, precisamente de los hijos más humildes de su Patria; que experimentó el entusiasmo patriótico del año 1914 y la tenaz lucha hasta el final. Y este final fue el Tratado de Versalles, que parecía destinado a esclavizar, por generaciones, al Pueblo alemán, llenando a sus hijos más valerosos con infinita desesperación. En estas horas negras de la historia alemana, nació en Adolf Hitler la idea del Socialismo Nacional. Los sublimes momentos vividos en la Guerra y las aflicciones de la derrota, crearon en él aquella sobrehumana fuerza que más tarde lo facultó para su gran tarea.

Había un rasgo característico que separaba a Hitler de los muchos otros alemanes que rechazaban, como él, la República de Noviembre: él no sólo la rechazaba, él comprendía sus funestas consecuencias, y esta misma comprensión le procuró los medios para vencerla. Él no retromiraba al pasado que, glorificado por el recuerdo, era para el Pueblo, cansado de la lucha, el paraíso perdido. Hitler no planeaba la restauración: el hijo del pueblo había observado desde muy temprano las graves deficiencias de la suntuosa Alemania prebélica, deficiencias que siempre volvían a manifestarse y que aumentaban a medida que crecía la miseria de la guerra, sin que los círculos dirigentes se dieran cuenta de ellas, ni tuvieran la energía de subsanarlas. El repentino derrumbe, la capitulación tan inesperada, ante los rebeldes rojos, reveló de súbito toda la debilidad de los que entonces gobernaban, y que en los momentos supremos de la nación, habían perdido toda su influencia sobre el alma de su Pueblo.

La causa profunda de esta incapacidad fue, en el criterio de Hitler, la fragilidad del concepto burgués de la vida y del mundo. El año 1918 fue el ocaso de una evolución que había comenzado mucho antes de la Guerra. El rápido auge económico de Alemania, después de la fundación del Reich en 1871, había convertido a esta nación, prevalecientemente agraria, en uno de los países industriales más poderosos del mundo. La transición demasiado veloz, despertó en los círculos burgueses del Pueblo, una ambición desenfrenada por enriquecerse, engendrando un Materialismo apenas disfrazado por la fachada ficticia de una Ideología Liberal. Las ideas del Liberalismo, agotadas ya por el escepticismo y la inseguridad interior ante los deseos de las masas del pueblo, iban degenerando hasta deformarse completamente. La Burguesía, enriquecida, había conquistado la hegemonía en todos los dominios de la vida, pero no se sentía segura de su derecho a esta hegemonía. Hitler reconoció muy pronto que los círculos burgueses, que no habían pactado en 1918 con los potentados rojos, eran, tal vez, capaces de reaccionar, pero jamás de reconstruir el Reich.

Y ahí estaban las masas del Pueblo, que se sentían degradadas frente al escaso número de ricos, de los cuales los separaba, ya desde mucho tiempo, un abismo infranqueable. El Obrero Hitler sentía con su Pueblo, porque conocía sus anhelos y se daba cuenta de los tormentos que le causaba verse considerado como elemento de segunda o de tercera categoría, condenado a vivir aislado de los acontecimientos transcendentales de la Nación, en un mundo cuya única pasión era la de enriquecerse, rigiéndose por este concepto, todos los actos de la vida.

Lo peor era aquella humillante compasión que la Burguesía dispensaba al Pueblo doliente. Esta compasión lo sumía en mayor desesperación aún, invadiendo su alma de amargura por su propia impotencia. No fue la miseria exterior, sino, antes bien, un hondo descontento, lo que impulsó al Obrero alemán a entregarse al Marxismo. Aquí encontró la Ideología del Materialismo, que parecía revelarle, aunque toscamente, pero en un lenguaje que él comprendía, la quintaesencia de todas las cosas. Aquí se le decía que su enemigo era el Capital que lo explotaba. Él mismo fue proletarizado; pero la conciencia de pertenecer ahora a una Clase Social, le procuraba cierta satisfacción. Poco a poco iba perdiendo su sentimiento patrio y su juicio de pertenecer a una Nación determinada; de formar, con los demás ciudadanos, una sola colectividad inseparable. Con todos los medios demagógicos imaginables, fueron destruidos aquellos conceptos, reemplazándolos por la fe en la Internacionalidad de la Clase Obrera. En ningún otro país encontró el Marxismo tantos adeptos como en Alemania; en ninguna parte del mundo llegó a tal extremo la antítesis entre las Clases, ni progresó hasta tal punto la internacionalización de vastos círculos del Pueblo.

Hitler mismo, tuvo que experimentar las consecuencias de esta tremenda instigación. El odio sordo, la más baja envidia, que se esforzaban en empequeñecer todo lo sublime, calificándolo de codicia y ambición, lo obligaron a abandonar el trabajo con el que se ganaba su pan cotidiano. Y a pesar de todos los sufrimientos, no había quién sintiera con más ardor lo justificado de las demandas socialistas. Él comprendía, con toda su alma, la magnitud y la pureza de las ideas del Socialismo, adulteradas por elementos completamente ajenos a la Raza germana y a la idiosincrasia del Pueblo alemán. Él veía con toda claridad que, ningún sistema de Gobierno que no estuviera compenetrado del Espíritu Socialista, podía a la larga, mantenerse en Alemania. Entonces buscó y encontró la síntesis entre el Nacionalismo y el Socialismo.

La Rebelión de 1918 dio a luz una caricatura del Socialismo. Lo que debía de haber sido una bien entendida alianza de todos los hijos de la Nación, se volvió una repugnante lucha de intereses, en que cada cual trataba de apoderarse de las presas mejores. “Socializar” significaba para el vulgo: “hurtar”.

Lo que de traición, indignidad, menosprecio al propio honor nacional frente al enemigo, reinaba en Alemania en aquellos siniestros días, no tenía nada que ver con el Socialismo. Eso era el descalabro moral de un Pueblo que, después de una lucha de cuatro años y medio, sin precedentes en la Historia del mundo, se dejó arrastrar por su desesperación, consintiendo en que una horda de rebeldes, desertores y traidores bajara y rebajara su pabellón nacional. La herida que el Pueblo alemán recibió en esos momentos parecía incurable. En el criterio de millones de conciudadanos, el culpable del desastre era el Obrero. El fuerte lazo, formado en los momentos supremos de la Guerra, cuando a todos unía la comprensión de que cada cual, sin excepción ninguna, estaba dispuesto a sacrificarse, cumpliendo su deber para con la Patria: quedó destruido.

He aquí la magna tarea, que Hitler, se propuso a resolver: devolver al Pueblo alemán la Fe en su Nación, rompiendo, a la vez, moralmente, las cadenas de Versalles, y reconquistar al Obrero alemán para su Patria. En verdad, la tarea más grande que pudiera elegir un alemán.


Dr. Wilhelm Frick; Ministro del Interior. Artículo publicado en “Revista Alemana”, número especial. Mayo de 1934.








1 comentario:

  1. Saludos ha sido de gran agrado para mi descubrir este espacio, muchos felicidades y bendiciones por hacerlo. En estos tiempos en que nuestro México convulsiona es importante sostenernos de las ideas para seguir luchando. Me encantaría saber más de ti. Ojala puedas contactarme jmge.wirtschafter@gmail.com

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